miércoles, 26 de junio de 2013

Campanas de Teror. Contribución al estudio y catalogación de las campanas de Gran Canaria (II)

Viene de: Campanas de Teror. Contribución al estudio y catalogación de las campanas de Gran Canaria (I)

4. EL OFICIO DE CAMPANERO:

En las parroquias rurales eran los sacristanes quienes, junto con los monaguillos o monigotes, tenían a su cargo el tañido de las campanas, función que ya aparece regulada en las Constituciones Sinodales del obispo Cámara y Murga (1631):

«Ordenamos y mandamos S.S.A. que los sacristanes sean obligados a tañer las campanas, o poner quien las toque, a todas las Horas que se dixeren en las Iglesias»[1]

Se insiste, además, en la necesidad de guardar y conservar los toques y tañidos propios de cada lugar o parroquia, fruto de la costumbre y de acuerdos consuetudinarios. Así lo señala el propio Cámara y Murga al recalcar la obligación de que «se guarde la costumbre que tienen las iglesias, sin que nadie se atreva a mudarlas ni alterar cosa alguna en ello, si no fuere por causa necessaria y con acuerdo de todos, si huviere muchos». De la misma manera, se expresa años antes el obispo Francisco Martínez de Ceniceros, al subrayar la obligación que tenía el sacristán de la Parroquia del Salvador de Santa Cruz de La Palma de respetar «la costumbre de la tierra» (Caballero Mujica, 1996, 259). Y es que el libre albedrío o interpretación en el número y manera de dar los tañidos generaba conflictos y murmuraciones entre los parroquianos. Así, el mismo prelado denuncia el «mucho desorden» observado en los toques y dobles de difuntos, cuyo número y ceremonial estaba sujeto al capricho del sacristán menor, ya que doblaba «con más solemnidad al que mejor se lo paga». Por esta misma razón, prohíbe al sacristán doblar por los difuntos sin haberse informado primero de la solemnidad de los oficios que se han de hacer, al objeto de evitar fricciones y querellas, bajo pena de perder lo que hubiese de percibir por tal enterramiento (Caballero Mujica, 1996, 193-194).
Por su parte, los campaneros catedralicios estaban obligados a tocar las campanas conforme a las órdenes recogidas en la tabla general del Cabildo o pandectas, función por la que recibían un total de 6000 maravedís y 12 fanegas de trigo de salario a comienzos del siglo XVI (Quintana Andrés, 2003, 557). El primer campanero del que tenemos noticia es Fernando Tejedor, a quien se nombra campanero de la Catedral de Las Palmas, el 19 de marzo de 1520:

«Se nombra campanero a Fernando Tejedor, no sólo con la obligación de tañer según su pandecta, sino también de barrer y regar cada tercer día la Iglesia, con el salario de seis mil maravedises y un cahíz de trigo» (Viera y Clavijo, 2007, 39).

Posteriormente, el oficio de campanero será copado por la familia Sánchez, quienes ocuparán el cargo durante algo más de siglo y medio. De esta manera, sabemos que Alonso Sánchez, perrero titular, ejerció como campanero y relojero durante los años 1621 a 1639. Lo sustituyó su nieto, Bartolomé Sánchez, ejerciendo la misma función hasta su muerte en 1707 (Quintana Andrés, 2003, 558). Por su parte, al presbítero y campanero Francisco Sánchez Losada, debemos la recopilación y traslado del contenido de la antigua pandectas, por la que se establecían y regulaban los diferentes toques de la catedral. Fruto de su labor compiladora son dos manuscritos nominados con los títulos de «Derrotero para el gobierno del campanero en todas las funciones del año, así diarias como movibles e irregulares» y «Modo de tocar al coro diariamente en la Catedral de Canaria», ambos documentos han sido publicados por Manuel Rodríguez Mesa (Rodríguez Mesa, 1994, 209-222).
Por su parte, el primer sacristán terorense del que se tiene noticia fue Luis Sánchez El Viejo, quien además tuvo a su cargo ―como era habitual― el cuidado y aseo de la iglesia, la seguridad y decencia de los ornamentos, el control de capellanías y memorias de misas, la lectura de los mandatos y la enseñanza de la doctrina cristiana. Servirá en la parroquia durante al menos cuarenta años, desde finales del siglo XVI a comienzos del XVII. Su memoria aún se mantenía viva casi ochenta años después de su fallecimiento, pues se le cita en la conocida como Información de la caída del Pino de la Virgen (Trujillo Yánez, 2012, 108 y 125).


Figura 4.1. Detalle de la escalera de acceso de la torre de la Basílica del Pino, y de los orificios practicados en los peldaños para permitir el paso de las sogas que accionan los badajos de las campanas. 

5.   LA EPIGRAFÍA Y LOS NOMBRES DE LAS CAMPANAS:

La práctica totalidad de las campanas presentan sobre su superficie una serie de inscripciones que suelen aludir a la advocación particular de Cristo, Virgen o santo a quien se dedica. También otros datos como el año y lugar de fundición, el nombre de quien encarga la pieza, el del párroco o el del maestro fundidor. Además de frases piadosas, que en ocasiones permiten datar una pieza. En definitiva, cada una de ellas nos transmite un mensaje diferente, reflejando en ocasiones ciertos códigos sociales (Alonso Ponga y Sánchez del Barrio, 1997, 50-62).
Salvador Mollà i Alcañiz distingue tres funciones en la escritura de las campanas. La primera de ellas es la función de representación, generalmente de quien ordena, paga, o es autoridad en el contexto social en que desarrolla su función la inscripción. En todo caso suele tratarse de una escritura de aparato, dado que atañe a las élites sociales de la comunidad. Junto con ésta, existe una función religiosa o litúrgica, que para determinadas épocas como la Edad Media o el Renacimiento, se puede ampliar a protectora o mágica. Finalmente, la epigrafía de las campanas posee una finalidad o función decorativa, demostrable al observar cómo se emplean determinadas letras o frases a modo de «relleno», de la misma que se emplean los letreros y cifras que lucen determinadas imágenes de devoción (Mollà i Alcañiz, 2005, 229). No obstante, como señala el propio autor la función de representación no parece ser primordial, ya que la posibilidad de leer las inscripciones de una campana se limitaban al momento de su fundición, en los instantes previos a su instalación en la torre o espadaña ―y una vez colocada de manera definitiva― a la visita puntual de algún campanero letrado o cualquier otra persona instruida. Por lo tanto, y si a estas circunstancias sumamos los altos índices de analfabetismo de otras épocas, fundamentalmente el mensaje de las campanas posee ―al menos durante los siglos XIII al XIX― una función simbólica. De esta manera, muchos de estos textos protectores o de oración, eran «activados» mediante el volteo o la acción de hacer sonar la campana.


Figura 5.1. Marca de fábrica e inscripción epigráfica en la campana de las horas de la Basílica del Pino: A EXPENSAS DE / DON DIEGO DOMINGUEZ SILVA (1942).

Desde un punto de vista formal, las inscripciones suelen aparecer remarcadas por cordones, a la altura del tercio o en el medio y medio pie de la campana. Estas frases son realizadas por los campaneros mediante letras de molde, según las instrucciones recibidas por el sacerdote, mayordomo o persona que encargaba la pieza de turno. En todo caso, como ya se ha encargado de señalar Mollà i Alcañiz, la ubicación del texto no es casual, al existir una gradación de la importancia del mensaje epigráfico en función de su localización, el tipo de letra utilizado y el tamaño de la misma. De esta forma, se constata como los textos litúrgicos o de mayor contenido simbólico se colocan en el tercio, mientras que los demás se reparten por el resto de la campana (Mollà i Alcañiz, 2005, 233-234). Sirva como ejemplo el caso de la denominada campana de las horas o del reloj, cita en la Parroquia del Pino, en cuyo tercio figura la frase propiciatoria de “VIRGEN DEL PINO RUEGA POR CANARIAS AÑO 1942”, mientras que la mención a su donante ―“A EXPENSAS DE / DON DIEGO DOMÍNGUEZ SILVA”― aparece próxima al medio pie de la pieza.
Por lo que respecta a las campanas objeto de nuestro estudio, dado el escaso número de ellas y lo restringido de su localización geográfica, cualquier tipo de consideración que no vaya más allá de su simple descripción, nos parece aventurada. De esta manera, podemos adelantar cómo en la gran mayoría de las ocasiones las inscripciones se limitan a informarnos sobre el autor, la fecha y lugar de procedencia de los bronces. Así sucede con piezas como la ya citada campana mediana de la Basílica del Pino: “ME HIZO JVAN MARIA ACOSTA HEN COMPANIA SEVILLA ANO DE 1829”, así como en la campana de la ermita de Ntra. Sra. de las Nieves: “OTERO AÑO DE 1816”, la perteneciente a la ermita de San Isidro: “J WARNER LONDON 1869”, o la campana pequeña (ca. 1918) de la iglesia dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, cuyo texto no nos ha sido posible descifrar de forma completa, pero de la que sabemos que fue fundida por Moisés Díez, tal como figura en el tercio de la pieza. En otros casos, al nombre del fundidor, fecha y localidad de origen de la campana, se une el de la advocación particular del templo, como sucede con los bronces ubicados en el monasterio del Cister: “SAN BENITO. / J. WARNER & SONS LONDON 1888”, “SAN JOSÉ / JOHN WARNER & SONS LONDON 1888” y “CAST BY JOHN WARNER & SONS LONDON 1888 / INMACULADA CONCEPCION”. En otros casos la mención al maestro campanero se limita a la marca de fábrica, tal como pudimos ver en el apartado anterior dedicado al oficio del fundidor. Más sucinta parece ser la inscripción de la campana procedente de la Parroquia de Ntra. Sra. de las Nieves (ca. 1943), ya que según hemos podido comprobar, se limita al nombre del benefactor de la iglesia, don José de Santa Bibiana Rodríguez: “JOSÉ BIBIANO” (Yánez Rodríguez, 2006).


Figura 5.2. Fecha de fundición (1862) del esquilón de la Basílica del Pino.

Por su parte, los textos de contenido simbólico o litúrgico son más escasos. Así, al ejemplo de la citada campana de las horas o del reloj arriba consignado, cabe sumar el que nos ofrece la denominada campana de los cuartos, con la que forma pareja. De esta manera, podemos leer la frase: “AVE • MARÍA • GRATIA PLENA MDCCLXIV”, letrero que nos remite al episodio de la Anunciación de María, así como a la fecha de fundición de la pieza, 1764. Precisamente, en esta campana abundan las referencias marianas, ya que en su parte media o cintura podemos observar un relieve de la Virgen María en su advocación de Ntra. Sra. de la Cinta, así como otros cuatro relieves o figuras de pinos, en clara alusión a la advocación particular de la parroquia (Trujillo Yánez, 2010, 110-111). De igual manera habría que considerar los textos que muestran las dos campanas traídas en el año 1923 a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, bautizadas con los nombre de Corazón de Jesús e Inmaculada Concepción, respectivamente: “SACRATISSIMO CORDI IESU / ADVENIAT REGNUM TUUM / ANNO DOMINI MCMXXIII / ECCLESIAE ARBEJALES / IN DIOCCESI CANARIENSI” e “IMMACULATAE DEIPARAE CONCEPTIONI / TRAHE NOS VIRGO IMMACULATA / ANNO DOMINI MCMXXIII / ECCLESIAE ARBEJALES / IN DIOCCESI CANARIENSI”.


Figura 5.3. Relieve del Sagrado Corazón de Jesús e inscripción epigráfica en la campana de la iglesia homónima del barrio de los Arbejales, fundida por Pedro Dencausse (1923).

Por lo que respecta al nombre epigráfico de las campanas objeto de nuestro estudio, éste solamente figura en cinco de las piezas inventariadas. En todos los casos se corresponden con la advocación particular del templo o parroquia donde están instaladas las piezas. Así, ya pudimos ver cómo las campanas de la iglesia dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio de los Arbejales, llevan los nombres de Corazón de Jesús e Inmaculada Concepción. Mientras que por su parte, los bronces pertenecientes al monasterio de la orden del Cister, figuran con las nominaciones de San Benito ―cuya regla rige la orden cisterciense― San José e Inmaculada Concepción. Finalmente, otro aspecto a tener en cuenta es el relativo al nombre o denominación popular de las campanas, cuyo registro resulta imprescindible, ya que debido su naturaleza intangible o inmaterial, corre serio peligro de desaparecer de forma irremediable. Dichas denominaciones suelen hacer mención al tamaño, forma y función de las piezas. Tal es el caso de las mentadas campana pequeña, campana mediana, campana grande o esquilón; así como el de la conocida como campana de los cuartos y la campana de las horas o del reloj. Otro ejemplo digno de mención, aunque en esta ocasión no pertenece a Teror, es el apelativo popular de La Ronca dado a una campana perteneciente a la Parroquia de Santa Brígida y fundida en Cádiz, en el año 1762, por el maestro Juan Pérez. En esta ocasión la denominación ha sido fruto del característico sonido o timbre de la pieza (Vega Rivero, 2005, 521-530).

6.   ICONOGRAFÍA Y MOTIVOS ORNAMENTALES:

La práctica totalidad de las campanas presentan sobre su superficie todo un conjunto de motivos decorativos y ornamentales, tales como cordones, cenefas, guirnaldas, escudos, sellos y otros adornos, cuya función puede trascender ―como también sucede con las inscripciones epigráficas― lo puramente estético. También en esta ocasión, y debido a lo restringido del estudio y al escaso número de piezas inventariadas, cualquier consideración que vaya más allá de la simple descripción formal del objeto, nos va a parecer aventurada e inútil. No obstante, y a la vista de las campanas con las que hemos trabajado, podemos confirmar algunas tendencias observadas en otros puntos de la geografía española. Así, al igual que sucede en otras regiones, es la cruz sobre pedestal o cruz de calvario el motivo iconográfico más representado. Situada generalmente en la cara exterior de la campana, su presencia en la pieza le otorga funciones apotropaicas o propiciatorias del bien. Cruces de calvario hemos podido observar en la campana de la ermita de Ntra. Sra. de las Nieves (1816), y especialmente en la llamada campana mediana obra de Juan María Acosta (1829), cita en la Basílica de Ntra. Sra. del Pino. Se trata de una gran cruz que ocupa todo el medio de la pieza ―en este caso está mal orientada, ya que mira hacia el interior del campanario― realizada con moldes cuadrados y triangulares de estrellas de ocho puntas.


Figura 6.1. Cruz de calvario en la campana mediana de la Basílica del Pino (1829).

Por su parte, la figura del Crucificado está presente en la pieza fundida por Moisés Díez que se encuentra en Arbejales (ca. 1918), así como en la ya citada campana de los cuartos, fundida por un maestro que nos es desconocido, en el año 1764. Precisamente esta última campana resulta de gran interés, debido a la gran riqueza de motivos iconográficos y ornamentales que presenta. Situada sobre el reloj de la Basílica del Pino, se trata, además, de la pieza más antigua que conserva la localidad. Sobre su cintura aún es posible advertir ―aunque algo desgastadas por el paso del tiempo― las figuras en relieve de la Virgen María y San Pedro Apóstol, además de un Crucificado y Santa Bárbara. En relación con la santa mártir ―abogada ante las tormentas y los rayos― conviene señalar que se trata de una de las iconografías más frecuentemente representada en este tipo de objetos. En este caso, ostenta los atributos que le son propios, como son la palma del martirio y la torre con tres ventanas sobre la que se apoya. Junto con ésta, una imagen de la Virgen sedente que tiene todos los visos de corresponderse con la advocación de Ntra. Sra. de la Cinta, pues aparece portando en una de sus manos una especie de cinta o cíngulo, objeto que hace referencia al episodio en el que la Virgen María ofreció una cinta o correa a Santo Tomás para persuadirle de su muerte y asunción. Separa a cada uno de estos cuatro bajorrelieves la silueta de un pino ―en clara alusión al árbol que da nombre a la advocación de Ntra. Sra. del Pino― coronado por una figura alada, que creemos se corresponde con la figuración del Espíritu Santo. Finalmente, es de destacar el relieve que representa al que fue primer Papa de la Iglesia Católica ―fácilmente reconocible por portar las llaves y el libro que le son propios― y cuya presencia podría estar aludiendo al que consideramos que pudo haber sido su posible oferente, el comerciante Pedro Russell. Dicho argumento se sustenta sobre el contenido que nos ofrece el oficio celebrado por su alma en la Parroquia de Teror ―con fecha de 18 de mayo de 1762― en el que figura en calidad de donante de una campana pequeña que podría corresponderse con la de los cuartos: «También trajo dicho señor don Pedro la campana que está en la torre, a la parte del Sur, que se dize la pequeña». De ser así, la pieza debió de haber sido trasladada desde su antigua ubicación a la actual (DOCUMENTO 5)[2]. Por el contrario, la comparación entre la data de la pieza ―1764― y la fecha del citado oficio ―1762― también podría ser considerada como un argumento en contra de nuestra afirmación.


Figura 6.2. Cenefas y guirnaldas suelen ubicarse en el tercio de muchas campanas.


Figura 6.3. Algunas campanas muestran asas con rostros o figuras antropomorfas. Las de la imagen corresponden a la campana grande (ca. 1850-1860) de la Basílica del Pino, así como a las piezas denominadas Corazón de Jesús e Inmaculada Concepción (1923) de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los Arbejales.


Figura 6.4. Inscripciones epigráficas y motivos iconográficos de la campana de los cuartos (1764) sita en la Basílica de Ntra. Sra. del Pino. 

En otros casos, los motivos iconográficos no parecen tener una significación especial. Así ocurre con la mentada campana de las horas en cuyo medio hay una figura en relieve de San José con el Niño Jesús ―que siempre aparece asociada a la marca de fábrica del fundidor― así como una custodia flanqueada por ángeles, también habitual en la piezas de esta firma. Por el contrario, las figuras en relieve del Sagrado Corazón de Jesús y de la Inmaculada Concepción que lucen las campanas obradas por Pedro Dencausse (1923) se corresponden con las advocaciones particulares del templo donde están instaladas, así como con el texto y el nombre epigráfico de las piezas. Precisamente, ambos bronces destacan por sus ricos motivos ornamentales, entre los que caben destacar diferentes tipos de cenefas y guirnaldas con motivos vegetales. El empleo de este tipo de motivo decorativo también lo observamos en piezas como el denominado esquilón o en la campana grande de la Basílica del Pino. Dignas de mención son también las asas de figuras antropomorfas o zoomorfas, como las observadas en las citadas campanas del templo de Arbejales, así como en la mentada campana grande del templo del Pino.


Figura 6.5. Los cordones suelen distribuirse por diversas partes de la campana y son el motivo ornamental más recurrido o frecuente. Fotografía en detalle de los cordones que decoran el medio pie del esquilón de la Basílica de Ntra. Sra. del Pino (1862).





[1] Constitución decimatercia. Del oficio de sacristanes. Capítulo último. Que los sacristanes toquen las campanas, y no se ausenten de los lugares sin licencia, ff. 145-146.
[2] No fue esta la única ocasión en la que Pedro Russell se encargó de dotar de campanas a los templos y oratorios de la localidad. Sabemos de su compromiso de costear los bronces para las ermitas de San Vicente Ferrer y de Ntra. Sra. de las Nieves, obligación que desconocemos si fue llevada a efecto (Pérez Navarro, 18-20-24.08.1982).

2 comentarios:

  1. Si hay un sitio curioso por el vértigo que me produjo cuando fui, ese es la escalera de la Torre Amarilla. Tal fue así que no tuve inconveniente en poner focos para la Fiesta del Pino... subido en el cacharrón de la grúa de los Nueces, y bastante más alto que la propia espadaña.
    Pero chico, volver a pasar por aquellas escaleras, más nunca.
    Y por no nombrar la capa de mierda de palomas que lo recubría todo...

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  2. Subir a la torre de la iglesia es un deporte de alto riesgo (sólo para los que padecemos de vértigo, como nosotros).

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